Hay algo que recuerdo con mucho amor de aquel tiempo de cuando yo era niño, fueron esos aquellos momentos en donde acompañaba a mi padre en el tractor mientras araba la tierra o sembraba; solía sentarme en uno de los banquitos que traía para los acompañantes o sobre un tronco que ponía mi padre para que me sentara detrás de su asiento, algunos tractores traían guardabarros donde vos te podías sentar algo incomodo, porque esa comodidad llegaba hasta el próximo pozo donde la rueda del tractor cayera y sintieras el golpe repercutir en tu propio cuerpo; pero con el entusiasmo de ir acompañando a mi padre que por momentos también me permitía manejar el tractor cualquier sacrificio como niño valía la pena.
Pasaron los años ya no está mi padre, pero aún sigo pensando en que el trabajo dignifica, y que cada año tenemos la oportunidad de entusiasmarnos con la vida, de volver a creer en la virtud del trabajo, del compromiso con nuestros seres queridos, y con la necesidad de ir formando a nuestros pequeños en oficios, o en tareas que tarde o temprano le servirán para su vida diaria, o al menos para tomar conciencia que nada viene regalado en esta vida y que hay muchas cosas que uno se lo tiene que ganar con el sudor de su frente.
Por eso estimado lector aprovecho este momento para desearte feliz año nuevo pero también para estimularte a que con tu trabajo diario, con tu compromiso social, con una actitud positiva ante la vida avances en estos 365 días y hagas posible de este año uno de tus mejores años; pide con humildad en oración Que Dios bendiga tu camino.
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